viernes, 18 de julio de 2014

Hermano escritor

Cada una de las familias que habitan o han habitado en este planeta tiene sus características comunes y también sus propias peculiaridades, y en el mundo de la Literatura se reproducen dichos comportamientos. Con anterioridad (pincha aquí para ver la entrada "Descendientes de escritores") hemos visto escritores que heredaron, en cierto modo, el gusto por la escritura de sus progenitores; hoy echaremos un vistazo a autores que compartieron afición, profesión y horas de trabajo con sus propios hermanos.

Uno de los casos que (es probable) nos venga a la mente en primer lugar al pensar en escritores que, además de compartir oficio, compartieron familia, es el de las británicas hermanas Brontë. 


Tal vez tendríamos que referirnos a ellas como “La familia Brontë”, ya que, además de las conocidas Anne (“La inquilina de Wildfell Hall” ), Emily (“Cumbres borrascosas”) y Charlotte (“Jane Eyre”), contaron con un hermano al que se solían referir como “el genio”, dada su enorme capacidad, que sin embargo se vio sumergida en una vida llena de complicaciones y diversas adicciones, que terminarían con su vida. Branwell Brontë escribió varias publicaciones, pero no logró la relevancia de sus hermanas.

Hijos todos del rígido y exigente clérigo Patrick Brontë, recibieron una educación poco común en su época. Los problemas médicos los acompañaron toda la vida (dos hermanas mayores murieron a temprana edad), con la tuberculosis como uno de los más trágicos compañeros de viaje.

Los inicios como escritoras fueron poco esperanzadores. La primera publicación lanzada por las hermanas se llamó simplemente “Poemas”, y eligieron pseudónimos masculinos para firmar (Currer/Charlotte, Ellis/Emily y Acton/Anne con el apellido compartido de Bell) logró la sorprendente cifra de 3 ejemplares vendidos. Realmente, tan sólo Charlotte logró un éxito relevante con “Jane Eyre”, ya que la obra de sus hermanas sería revisada a posteriori hasta colocarlas en la categoría de Clásicos.

La siguiente familia a la que vamos a referirnos es a la formada, entre otros, por los escritores Jacob y Wilhelm, mundialmente conocidos como los Hermanos Grimm. Desde muy jóvenes, estos dos hermanos teutones empezaron a trabajar en una biblioteca, y a interesarse por la historia y la mitología germánica.

Pronto destacaron con dichos trabajos, pero con los escritos que pasarían a la posteridad sería con su colección de cuentos populares, muchos de ellos reinterpretados por ellos, y cuyas versiones suelen ser las más conocidas. Como curiosidad, señalar que sus cuentos tuvieron que ser revisados debido a su dureza (ellos mantenían que no eran para niños), e incluso algunos personajes fueron modificados; por poner un ejemplo, no se entendía que la madre de Hansel y Gretel los dejase abandonados en el bosque, así que dicho personaje fue disfrazado de madrastra.

Jacob y Wilhelm tenían un tercer y prácticamente desconocido hermano, Ludwig, que desarrolló su actividad artística en el mundo de la pintura y las ilustraciones, y que llegó a ilustrar alguno de los cuentos publicados por sus dos hermanos.

Hasta ahora los ejemplos que hemos visto se refieren a hermanos muy bien avenidos, que incluso llegaron a trabajar juntos y que pasaron la mayor parte de sus vidas acompañándose. La próxima pareja de hermanos en ser presentada (que, por cierto, comparte nacionalidad alemana con los anteriores) no puede incluirse en el grupo de los anteriores, ya que no responde al mismo patrón.

El mayor de los dos hermanos (Heinrich) sobre los que vamos a curiosear gozó en su momento de cierto éxito, aunque pronto sería superado por el prestigio y no llegó ni a rozar la inmortalidad que logró su compañero de letras Thomas Mann. Ambos fueron afamados escritores, aunque Thomas opinase sobre la escritura de su hermano: “Los libros de Heinrich no son simplemente malos, son tan malos que provocan un odio apasionado”. Tan despectiva opinión que le merecían los libros de su hermano quedaba refrendada por la siguiente afirmación: "Bufonesco, deforme, gritón, exagerado, romántico en el mal sentido de la palabra".


Como vemos, la relación entre ellos estuvo lejos de ser cercana. Además de caracteres diferentes, las diferencias surgieron de forma temprana, y fueron dinamitadas por la visión política de la Primera Guerra Mundial y el papel que Alemania jugó en ella. Tal llegó a ser el desencuentro por esos motivos, que Thomas declaró: “Una querella como la que hay entre nosotros ha de mantenerse con honor, sin pretender despojarla de su carácter ferozmente serio. Quizá, así, separados, seamos mucho más hermanos el uno del otro de lo que seríamos sentados juntos en la mesa de un festín”. La postura de Thomas con respecto a ese conflicto (el exaltamiento nacionalista) fue probablemente la menos acertada.

Sin embargo, años más tarde hubo un acercamiento de posiciones, ya que Thomas derivó hacia ideologías más democráticas. Ello supuso también el retomar en cierta medida la relación con su hermano (Heinrich siempre reconoció la superioridad como escritor de Thomas), y la oposición que ejercieron hacia el régimen e ideologías nacionalsocialistas (de forma menos tibia en el caso de Heinrich) supuso otro punto en común entre dos hermanos que siempre tuvieron una relación ambigua.

Estilos de vida diferentes y quizás poco en común tenían el escritor, naturalista, expedicionista, zoólogo, presentador de TV, y multitud de calificativos más Gerald Durrell (“Mi familia y otros animales”, entre otros) y su hermano Lawrence Durrell (“El cuarteto de Alejandría), que se limitó a ejercer la profesión de escritor, eso sí, en sus distintas facetas de poeta, novelista, biógrafo, escritor de obras de teatro y demás.

A pesar de la imagen que proyectaba Gerald de su hermano Lawrence en sus libros, le tenía gran afecto y lo consideraba una figura paternal, y alguien a quien admirar.

Tal y como reflejan las líneas anteriores, nos podemos encontrar con diferentes tipos de relación entre hermanos que dedicaron su vida a la escritura, como sucede en todas las familias. En una situación peculiar nos encontramos con los hermanos Antonio y Manuel Machado, que compartieron formación, círculos, e incluso un año de residencia en París.

El estallido de la Guerra Civil Española los sorprendió en bandos diferentes, y así iniciarían una separación que haría que no se volviesen a ver jamás. Antonio se encontraba en Madrid, en el bando Republicano, y recibió la oferta de ser trasladado a un lugar que consideraban más seguro: Valencia.

Tras unos días de reflexión, e incluyendo en el viaje a sus hermanos Joaquín y José, así como a sus respectivas familias, abandona la capital. Los acontecimientos bélicos que se sucedieron le obligaron a abandonar Valencia, en dirección Barcelona; la situación se volvió cada vez más dramática, y no tuvo más remedio que emprender un dramático viaje de exilio hacia Francia. Unos días después de llegar a Colliure, y tras una penosa agonía, fallece el 22 de febrero de 1939. Su madre, también enferma, muere tres días después, tras ver la cama de su hijo vacía.

Por su parte Manuel se encuentra en Burgos, en el bando Nacional, en el momento del inicio de dicha guerra. Antes de la guerra mostraba ideas progresistas, pero una entrevista publicada hace que sea detenido e investigado por sus ideas políticas. Tras salir de prisión, se produce un cambio en su actitud y a partir de ahí acepta y halaga las ideas franquistas, llegando al punto de exaltar figuras claves de la dictadura, como su “Al sable del Caudillo”.

Actos como éste le supusieron la total libertad de movimientos durante los primeros años de la dictadura, además de algún cargo público. Sin embargo, el hecho de que su hermano y madre falleciesen en tales circunstancias creó un vacío en él que no supo cubrir.

Se pueden encontrar muchos  más ejemplos de hermanos que coincidieron en la profesión a la que nos referimos; hemos elegido los anteriores por sus peculiaridades, sus diferentes connotaciones y su distinta forma de presentar las relaciones fraternales.






3 comentarios:

  1. Felicidades Daniel! Siempre nos aportas datos a los lectores para seguir aportando caminos a nuestra afición . Besos.

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    1. Muchas gracias, Mari Carmen. Es un placer contar con tus opiniones, y un lujo que lo lea una lectora tan exquisita. Gracias!

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